martes, 19 de abril de 2011

Un cuchillo en el baño


- ¿Te acuerdas de cuando estuvimos en aquella isla? Era preciosa y horrible a la vez…

Diana le sonreía con su boca desdentada y aquellos ojos azules surcados de arrugas pero repletos de ilusión. Era como una pequeña niña hablando sobre su nueva Barbie... parecía irradiar una eufórica alegría.

- Sí… la isla… ¿cómo olvidarse de la isla? - Respondió Marcos desganadamente.

- Aquel cielo tenía el azul más puro que un cielo podría tener… y ¡la playa! Aquella arena tan blanca y fina… y… ¿te acuerdas de toda aquella gente?

- Claro que me acuerdo de ellos, Diana – Le dijo Marcos con voz resignada.

Ella asintió con la cabeza, siempre sonriente, apartó su mirada de la de Marcos y la clavó en el suelo. Empezó a balancear lentamente la mecedora, produciendo un leve crujido. El ritmo de su respiración se fue pausando poco a poco. Su cabeza se inclinó hacia delante con parsimonia. Se había quedado dormida de nuevo.

Marcos contemplaba las manchas que el tiempo había ido dibujando en la piel de sus manos. La alianza aún resaltaba en su dedo anular, pero su brillo se había apagado casi completamente con el paso de los años… “como el de Diana”, pensó amargamente. Su vida se limitaba a dormitar y, cuando estaba lúcida, a hablar de confusos acontecimientos que estaba segura de haber vivido. “Tal vez la culpa sea mía” pensó una vez más, “nunca le di nada que mereciese la pena con lo que llenar sus recuerdos…”

- Marcos – La voz de Diana interrumpió a tiempo el hilo de sus pensamientos - ¿Qué habrá sido de Michael?

- Será tan viejo como nosotros, si es que no se ha muerto… tal vez tenga alzheimer.

- Oooh – su cara reflejaba una profunda lástima – su tatuaje se verá horrible ahora…

- Diana… nada de eso… - Ella lo miraba expectante. Marcos se levantó del sofá, se acercó a ella, la besó en la frente y le sonrió – no es nada. Voy a darme un baño – le acarició el pelo y volvió a besar su frente – Te quiero, Diana… ¿lo sabes?

- Claro que lo sé, tonto – le contestó sonriendo sinceramente.

Él le devolvió la sonrisa, asintiendo y pensando que no lo sabía, que no sabía nada, que ni siquiera se acordaba de que hoy era su aniversario de boda. Se volvió renqueante, porque le dolían las rodillas, y se dirigió hacia el baño recordando aquella puesta de sol que contemplaron juntos al poco tiempo de conocerse, pensando en la espuma del mar agitándose entre las rocas, en el olor a salitre del aire, en el reflejo dorado que bailaba sobre el agua, en la brisa agitando el pelo de Diana, en cómo en aquel momento parecía que no hubiese más mundo que ellos dos y que la felicidad era algo que podía ser eterno.

Entró en el cuarto de baño y cerró la puerta, pero no se molestó en echar el pestillo. Puso el tapón de la bañera y abrió los grifos para llenarla de agua templada. Se desvistió lentamente, ya que la decrepitud de su cuerpo no le permitía hacerlo de otra manera, y, ya desnudo, se contempló a sí mismo en el espejo. No le gustaba nada la imagen que este le devolvía, pero había aprendido a convivir con aquellas carnes colgantes, aquellos horribles pellejos plagados de manchas seniles, aquel pene inútil, que era más una broma de mal gusto que otra parte de su cuerpo, aquellas fláccidas bolsas debajo de sus ojos que ya nunca iban a desaparecer de allí, aquel horrendo vello grisáceo en su pecho…

“Ya no soy nada… ya no soy más que mi propia sombra” pensó una vez más “… pero al menos tengo mis recuerdos… al menos sé que una vez fui feliz” se mintió una vez más. En el fondo de su corazón sabía que su felicidad del pasado no hacía más que alimentar el dolor del presente, que poder recordar que, en otros tiempos, todo fue mejor, evidenciaba demasiado que ahora todo era peor. Ni siquiera podía compartir aquellos recuerdos con Diana, para revivir de alguna forma aquella felicidad, y no lograba quitarse de la cabeza la idea de que, si ella no recordaba nada de aquello, tal vez fuese porque la supuesta felicidad compartida nunca fue algo real.

El cuchillo estaba sobre el lavabo, esperándole, como cada día, y, como cada día, Marcos lo cogió con su mano temblorosa antes de meterse en la bañera. Bañarse con el cuchillo se había convertido en una especie de siniestro ritual. Nunca pretendió que fuese algo simbólico, era pura y simple cobardía. “Hoy no” pensó, acariciándose el interior de la muñeca izquierda con el filo del cuchillo “es nuestro aniversario… aunque ella no lo recuerde. ¿De qué me sorprendo? No se acuerda de nada… sólo habla de películas que vimos, de personajes de series viejas, de estúpidos videojuegos… parece que nada de lo que hemos vivido juntos la haya marcado lo suficiente como para recordarlo… “.

Marcos no se daba cuenta, pero cada vez iba ejerciendo más presión con el cuchillo y el filo había empezado a penetrar en la carne “¿qué va a ser de ella cuando no esté? No vive en este mundo… vive en otro… “, la sangre manaba abundantemente del corte de su muñeca, pero Marcos no se daba cuenta. Un río de lágrimas brotaba de sus ojos, pero tampoco era consciente de eso… el nudo de su garganta no le permitía sentir ninguna otra cosa. “La encontrarán… los vecinos la encontrarán… va a estar bien… no me necesita… pero no hoy… hoy es nuestro aniversario”. El cuchillo había llegado hasta el hueso, pero Marcos seguía sin sentir dolor. Su mente se nublaba, sus párpados querían cerrarse, y el agua de la bañera se había teñido de un rosa sucio, pero él no se daba cuenta de nada… seguía centrado en el nudo de su garganta.

“No… no era real… no era real… pero lo vivimos juntos… “

Y aquel pensamiento consiguió hacerle sonreír justo antes de perder el sentido, aunque supiese perfectamente que era mentira.

6 comentarios:

Calavera dijo...

Excelente relato, Zoltan!!! :D

Muy triste y melancólico, con pasajes que te hacen pensar un poco. A veces crees que vas a ser joven para siempre... :/

Espero ver más escritos como este. Felicitaciones!

El Cuervo del Infien-no dijo...

La verdad es que la idea de la vejez, de que la mente y el cuerpo se puedan corromper de una manera tan cruel es algo que... me aterroriza XD ¿se nota mucho en el relato? XD

La idea principal de este relato llevaba bailando por mi mente un par de años como mínimo, pero, por una razón u otra, nunca me animé a escribirlo... hasta hoy.

Me alegro de que te haya gustado, Ariakas ^^

Gracias por leerme, y por comentar, claro ;)

alcorze dijo...

Buen relato, Zoltan. Me ha gustado cómo está escrito y lo que cuenta.

De banda sonora serviría Un día en Texas de Parálisis Permanente, con su cuchillo de cocina y sus niños degollados ;D

Un saludo!!!

El Cuervo del Infien-no dijo...

La verdad es que esa canción no quedaría nada mal en la escena final (que me quedó algo más gore de lo que tenía pensado en un principio XD).

Tengo que reconocer que no las tenía todas conmigo con este relato... es tan triste y trágico que me daba algo de mal rollo publicarlo.

Me alegro mucho de que te haya gustado, Al (sé que es casi la misma frase que le he dicho a Ariakas, pero... es que es la verdad XD)

¡¡Gracias por leerme y por comentar!!

Passing Bird dijo...

Lo más gracioso es que mientras leía el relato estaba escuchando a Swallow The Sun, con sus letras sobre amores trágicos y fracasados y existencialismos varios.

Muy buen relato, sí señor.

El Cuervo del Infien-no dijo...

Tu banda sonora no es Parálisis Permanente, pero también suena adecuada, oye :P

Como de costumbre, no tengo el gusto de conocer al grupo, pero... dada la temática que tocan, igual estoy mejor así XD.

Me alegro de que te haya gustado el relato ^^

¡¡Gracias por pasarte por aquí y comentar, Passing Bird!!