jueves, 6 de mayo de 2010

If I Was Your Vampire... XII


Unas nalgas considerables embutidas en un pantalón vaquero se aplastaban contra el asiento contiguo al de Lestat, llenando completamente su superficie y ocupando, además, una circunferencia imaginaria en el aire. La carne comprimida parecía rebosar en la zona de la cintura, cayendo blancuzca y fláccida como la espuma de un capuchino mal hecho. La unión entre aquel gigantesco par de nalgas asomaba ligeramente por el borde del pantalón y las costuras se veían dadas de sí. Una inmensa camiseta verde, con la que prácticamente se podría haber fabricado una bonita tienda de campaña biplaza, intentaba vanamente cubrir la totalidad de su tronco, pero la inmensidad de este hacía que pareciese una camiseta corta y ajustada que marcaba lo que debería disimular, exponiendo las curvas de los fofos michelines, que se apreciaban perfectamente a través del tejido como flotadores que cubriesen el torso de aquel individuo haciéndole parecer más una especie de engendro infrahumano que un mortal. Había algo trágico en su actitud, allí sentado, solo, cabizbajo y con los ojos clavados en su whisky con hielo. Bebiendo con lentos sorbos, como si emborracharse fuese la única satisfacción que pudiera permitirse, la única vía de escape posible para intentar encontrar algo parecido a la libertad en su triste existencia.

Akasha dio un suave toque en el hombro del tipo y él se giró, mirándola con expresión hostil, con la clase de semblante que te dice “no te conozco… ¿por qué vienes a joderme?”. Una vaharada alcohólica emanaba pestilentemente de su boca. Aquel olor habría sido desagradable para cualquier persona, pero, en el privilegiado olfato de la vampiresa se convertía en una auténtica bomba sensorial que saturaba sus terminaciones nerviosas hasta un punto muy cercano a la náusea. Disimuló el absoluto desagrado que le provocaba aquel asqueroso gordo clavando sus felinos ojos azules en los del mortal y dedicándole una de sus más encantadoras sonrisas de vampiresa. Él mantuvo su mirada, devolviéndosela mientras se preguntaba, con desconfianza, por qué una mujer rubia y preciosa como aquella se estaba dirigiendo a él. Akasha se apoyó impacientemente una mano en la cintura y señaló hacia el asiento con la otra en un grácil movimiento.

- Quiero sentarme ahí – Le dijo.

No hizo falta nada más que el sonido de su voz para neutralizar la hostilidad de aquel individuo. Apartó rápidamente la mirada, clavándola en el suelo, repleto de colillas y suciedad, para tratar de escapar de los penetrantes ojos de la vampiresa, y se levantó con torpeza, casi como si estuviese sumergido en algún tipo de líquido y su voluminoso cuerpo estuviese intentando flotar hasta la superficie. Limpió el asiento del banco con la grasienta palma de su mano, se dio media vuelta y se marchó sin mediar palabra dejando atrás su vaso, a pesar de que aún contenía unas tres cuartas partes de whisky.

Akasha se sentó, fingiendo no ver a Lestat. Ya se había rebajado bastante al venir hasta este lugar siguiendo su pista, y no estaba dispuesta a hacerlo aún más siendo la que iniciase la conversación, así que, posó su mirada sobre el camarero mientras esperaba a que fuera él quien le hablase. Pero ni el camarero ni Lestat le prestaron atención. Siguieron charlando entre risas mientras la paciencia de la vampiresa, que no era precisamente la mayor de sus virtudes, se iba consumiendo a pasos agigantados. Finalmente su indignación y su orgullo herido salieron disparados contra el camarero en forma de palabras punzantes y frías como astillas de hielo.

- ¿Me puedes poner un tequila con granadina, o es que, en realidad, te pagan por darle conversación a la gente? Si quieres, entro en la barra para servírmelo yo misma…

El camarero se giró hacia ella, completamente descolocado, con la boca abierta y el labio inferior colgando en una mueca de absoluto vacío mental. Tras unos segundos de incertidumbre, musitó una tímida disculpa y se alejó para preparar la bebida. Lestat también se había quedado mirando hacia Akasha, pero no había incertidumbre ni sorpresa en su expresión, sino indiferencia.

- Vaya… eres incluso más borde de lo que me pareciste la noche que te conocí… creo que no hay nada que me de más asco que eso en una persona.

- ¡Menudo recibimiento! ¡Yo también me alegro de volver a verte! – rió ligeramente - Me exaspera que la gente no haga bien su trabajo, Lestat… y, por si no lo recuerdas, tú tampoco fuiste especialmente amable conmigo aquella noche – le respondió la vampiresa desafiante.

- Te lo ganaste a pulso… me limité a darte lo que te merecías.

Akasha le sonrió… a pesar de no entender muy bien tanta hostilidad contra ella, le gustaba que la retasen, le gustaba ver cómo sus víctimas entonaban la llamada de la guerra para terminar irremisiblemente en una humillante derrota cuando, finalmente, decidía desplegar todo su poder de seducción vampírico.

- Puede ser que me lo ganase… de todas maneras, creo que, en realidad, algo en mí te tuvo que gustar, o no me habrías dicho dónde encontrarte… ¿me equivoco? - su mano se posó en la nuca de Lestat, y le acarició suavemente el cuello con el pulgar.

- No te lo tomes como algo personal… prácticamente me suplicaste que querías volver a verme. No habría sido muy considerado por mi parte dejar a una bella dama como tú sin su segunda oportunidad…

“Bang, bang y… ¡diana!” pensó Akasha “sigues yendo de duro, pero tus palabras de aparente desprecio dejan entrever tu interés por mí”. El camarero se acercó con la bebida y la dejó en la barra sin atreverse a mirar hacia ella, y mucho menos a cobrarle. Los ojos de la vampiresa recorrieron toda la anatomía de Lestat, empezando por su cuello, en donde la palpitante yugular parecía llamarla, paseándose desde allí hacia la cara (“la yugular”), luego hacia el pecho (“la sangre palpitando”), recreándose en sus pectorales (“el cálido y sabroso líquido rojo recorriendo tu interior”), que se marcaban contra la ajustada camiseta negra, bajando hacia el vientre (“el salado sabor de la sangre en mi lengua”), que se veía firme y fibrado, subiendo hacia los bíceps (“la orgásmica sensación de saciar mi oscura sed”), bajando de nuevo… se mordió levemente el labio inferior y le dijo:

- Intentaré dar la talla esta vez… las segundas oportunidades no son algo que abunde en esta vida – habló con voz sensual mientras paseaba suavemente los dedos por el vello de su nuca.

- ¿Podrías quitar tu mano de mi cuello, por favor? – dijo secamente Lestat antes de dar un trago a su bebida. Akasha la retiró un tanto extrañada, mientras, en su mente, le gritaba un rotundo “¿Qué coño pasa contigo?” - Por cierto… tu amiguita es muy mona ¿de verdad eres bisexual o lo de besarte con ella fue sólo una especie de… juego?

- Vaya… no pensé que nadie se fuese a dar cuenta. – contestó, fingiendo un azoramiento que no sentía en absoluto - Esa era Faith… algo más que una buena amiga… y nos gusta hacer esas cosas de vez en cuando.

- Pues creo que la mitad del local os estaba mirando con la boca abierta. A la gente le gusta fingir que la homosexualidad es algo socialmente aceptado, les gusta hablar de normalidad y de respeto, pero, a la hora de la verdad, cuando la tienen delante de sus propias narices… siguen actuando como si se tratase de algún tipo de… espectáculo. Para algunos es un espectáculo agradable, para otros, uno desagradable… pero para casi nadie es un simple beso… supongo que, comparado con la persecución y la agresión que tuvieron que sufrir hace no tanto tiempo, un poco de hipocresía se puede considerar un mal menor, pero… - Akasha escuchaba con las cejas arqueadas el discurso improvisado de Lestat - … creo que te estoy aburriendo con tanta palabrería.

- No me aburres, pero en realidad, querido amigo, por mucha razón que tengas en lo que estás diciendo, todo ese tema me da bastante igual. Ni soy lesbiana, ni me importa cómo me miren cuando no me comporto como una hetero…

- Tan guapa y a la vez tan cínica…

- El cinismo es una virtud, – le interrumpió Akasha, esbozando una coqueta sonrisa - un tamiz que separa las cosas importantes de las que no lo son, un arma contra la hipocresía y la falsa complacencia… no deberías sugerir que es un rasgo negativo.

- Yo creo que, en realidad, estás tan acostumbrada a que los hombres caigan rendidos a tus pies que te has convencido a ti misma de que puedes hacer y decir lo que te venga en gana sin temer las consecuencias de tus palabras y actos, tía-más-buena-de-la-discoteca. Puedes inventarte todas las teorías que quieras al respecto, pero el resultado final es el mismo… no eres más que una niña caprichosa, que se enfada cuando comprueba que el mundo no gira a su alrededor, cuando no consigue satisfacer su antojo del momento, y que reacciona con ese cinismo que defines como… virtuoso… para intentar domar las situaciones que se escapan a su control. – Akasha lo escuchaba boquiabierta, sin conseguir disimular su estupefacción – De hecho, estoy completamente seguro de que, si no te hubiese pedido que dejases de tocarme la nuca, tu respuesta a mi pequeño discurso pro-gay habría sido muy distinta… ¿me equivoco?

- Probablemente lo habría sido, sí… pero me parece que es más que normal ponerse a la defensiva ante un desplante de ese tipo, y, además, no creo que te haya dado motivos reales para emitir un juicio sobre mí como el que acabas de hacer… - “Te romperé los huesos lentamente, te arrancaré las entrañas… te haré sentir tantos tipos de dolor a la vez que me suplicarás que te mate para dejar de sufrir” pensaba mientras, sonriente, exponía su contra-argumentación – no creo que una niña caprichosa se hubiese molestado en darte explicaciones con una sonrisa en los labios, se habría limitado a hacerse la indignada ante tu rechazo y marcharse, o incluso habría pasado al ataque directo diciéndote algo del tipo “¿eres un maricón que aún no ha salido del armario o qué coño te pasa?”… pero, como ves, no lo he hecho – le guiñó un ojo - en una cosa sí has acertado: no estoy demasiado acostumbrada a que los hombres se me resistan, pero, de todas maneras… me parece que si alguien está siendo infantil aquí eres tú, no yo… intento una y otra vez acercarme un poco y tú das dos pasos hacia atrás por cada uno de los que yo doy hacia ti… eres tú el que parece un niño, sólo que no uno caprichoso, sino un pequeño niñito asustado que se esconde llorando tras una dura coraza, tras una muralla que mantiene a las personas como yo a una distancia prudencial… - la vampiresa posó su mano suavemente sobre la mejilla de Lestat y lo miró con dulzura - ¿tanto daño te han hecho? ¿a qué tienes tanto miedo?

Lestat apartó sus negros ojos de los de la vampiresa, desviando la mirada hacia un punto indefinido de la barra y negando con la cabeza… por primera vez parecía haber bajado completamente las defensas “Vaya…” pensó Akasha “¿De verdad era tan fácil derrumbar esta torre? ¿Eso era todo lo que escondías bajo tu dura fachada? ¿Un pobre corazoncito roto? “. Se sentía algo decepcionada…

- No… no es tan sencillo como eso… - le dijo Lestat mientras se apartaba torpemente de ella – no es una cuestión de daño o miedo… no tienes… ni idea…

- Y entonces… ¿Cuál es tu problema? – le dijo, fingiendo comprensión. Su voz era cálida y acogedora como un lecho en invierno – Cuéntamelo… te sentirás mejor si lo dejas salir, te sentirás liberado…

Sin dejar de negar con la cabeza y con una expresión ausente en el rostro, Lestat se levantó de su asiento, masculló un “es tarde… es mejor que me vaya”, y trató de alejarse de la vampiresa, pero ella no estaba dispuesta a permitirle que se marchara. Quería saborear su humillación, quería empezar al fin a jugar con él ahora que conocía su punto débil… se levantó, se interpuso en su camino con un “No te vayas, Lestat… si estoy aquí es por ti…” y extendió el brazo para sujetarlo, pero, en cuanto su mano lo tocó, un intenso dolor, algo parecido a lo que sentiría si acariciase las llamas de una hoguera, se extendió vertiginosamente desde la palma de la mano hasta su hombro. En cuestión de milésimas de segundo, sus ojos pasaron desde el rostro de Lestat hacia su propia mano, que escapaba ya del contacto con aquel… ser… huyendo del dolor, para volver de nuevo a su cara. La vampiresa contempló horrorizada la expresión de Lestat, que había cambiado en un modo que no fue capaz de explicarse. En su cara se dibujaba una siniestra y fría sonrisa, y su mirada, que se clavaba en ella, reflejaba algo que estaba más allá de la locura, tras unos ojos tan negros como la misma noche y tan vacíos como los de un cadáver.

- Insisto… - la voz de Lestat sonaba muy lejana – es mejor que me vaya…

Akasha asintió con la cabeza, y se apartó cautelosamente de su camino. Lo siguió con la mirada mientras, tambaleándose ligeramente, se iba alejando hacia la puerta del local, y, cuando al fin lo vio llegar al umbral y salir de allí, se volvió a sentar para intentar recuperar la compostura. Le escocía la mano derecha, y un intenso olor a carne quemada inundaba su sobrenatural sentido del olfato. Cuando reunió el valor necesario para mirarla, descubrió que tenía la palma repleta de manchas de sangre, chorretones amarillentos de pus y ampollas reventadas. Ya estaba empezando a curarse, las heridas se iban cerrando y cicatrizando lentamente, pero necesitaba comer algo cuanto antes para que sus poderes no la abandonasen. El problema era que no se sentía con fuerzas para cazar: por primera vez en cientos de años, Akasha estaba asustada.

2 comentarios:

Wen dijo...

Vale...al final sí que me quedé con ganas de comentar a pesar de todo...

Eso fue...genial!!!! No sé por qué no te gusta :P

Empiezo a tener teorías MUCHAS teorías (más aún, vamos), me encanta!!! Se me hizo un poco corto, que conste, me lo leí en un ratín de nada y ya tengo ganas de más, así que ponte a escribir ya!!!

Y eso, que me voy a estudiar que ya es tarde, escribe! Escribe! Escribe!

Morreos, Zol ;)

El Cuervo del Infien-no dijo...

Sabía que te ibas a quedar pillada y con ganas de más XD ¿a que no te esperabas algo así?

La putada es que vas a tener que esperar a que la "diosa inspiración" me vuelva a mirar a los ojos, porque, de momento, aunque tengo bastante claro qué va a pasar y qué no, no estoy muy seguro de cómo estructurarlo todo...

¡Paciencia!

Y... gracias por comentar, of course ;)