miércoles, 3 de marzo de 2010

Me arriesgo a cansaros, pero...


Una estridente composición de Ray Charles golpeó los oídos de Akasha en cuanto atravesó la puerta del Bluebird, aunque el volumen de la música estaba muy por debajo del que tenía que soportar en las discotecas y locales por los que se movía habitualmente. Se sumergió entre la neblina de humo de tabaco que inundaba la atmósfera del local, como la bruma lechosa que cubre los bosques en las mañanas invernales. Caminaba por el bar buscando a Lestat con la mirada cuando una mano se posó en su hombro.

- ¿Has cambiado tu coto de caza, hermana?

Giró la cabeza para comprobar quién había tenido la osadía de tocarla, y, cuando sus ojos se encontraron con la maliciosa mirada de aquella vampiresa, curvó sus voluptuosos labios en una sonrisa hipócrita.

- Hola, Faith… ¿así que es en sitios como este donde sacias tu sed? No sé por qué, pero no me sorprende en absoluto.

- Saber la cantidad de buenos ejemplares que me llego a encontrar sí que te sorprendería, hermanita… dignos del exquisito paladar de cualquiera de esas vampiresas con pedigrí que jamás se rebajarían a pasear sus excelsos culos por antros de este tipo – Respondió Faith, sonriendo cínicamente. Posó la yema de su dedo sobre el pecho de Akasha y, bajándolo en una suave caricia hacia su escote, continuó - No me refiero a ti, por supuesto… al fin y al cabo, estás aquí ¿no?

Con vertiginosa velocidad sobrenatural, Akasha hizo que la mano de Faith abandonase su camino descendente, atrapándola en la suya. Acercó lentamente su rostro al de la otra vampiresa, rozando su mejilla contra la de ella, sintiendo la suavidad y la frialdad de su piel. Lamió levemente el lóbulo de su oreja, y susurrándole al oído, casi en un sensual jadeo, respondió:

- Claro que no te refieres a mí, eres una chica lista y sabes lo que te conviene – apretó los dedos de la vampiresa, prensándolos y provocando en Faith una mueca de dolor – Sabes muy bien a quién puedes joder y a quién no… a quién puedes retar y a quién no… y contra quién vas a perder si intentas competir - soltó su mano y le acarició dulcemente la barbilla – y, como eres una chica tan lista y que sabe tantas cosas, te vas a marchar de aquí sin hacer más preguntas estúpidas – sus labios rozaron los de Faith - ¿a que sí… “hermana”?

Sus bocas se sellaron mutuamente en un profundo beso, sus lenguas bailaron, improvisando a ritmo de jazz, sus labios se acariciaron… el cuerpo de Faith se relajó en una total y completa entrega, sus brazos colgaban inertes, y, sintiendo cómo los pechos de Akasha se apretaban contra los suyos, se dejó hacer, abandonándose al deleite sensorial con que la estaban obsequiando, fundiendo su cuerpo con el de Akasha, dejándose llevar, narcotizada por el lésbico contacto carnal… no pasaron más que unos cuantos segundos desde el comienzo del beso hasta que Akasha notó que la vampiresa estaba temblando. Dejó de besarla y se apartó unos centímetros de ella, esperando su respuesta. Faith parecía estar congelada, permanecía quieta, con la boca entreabierta y una expresión de éxtasis en el rostro mientras miraba a Akasha con adoración. Sus pezones estaban erectos y se podían ver casi con detalle través de la ropa. Acababa de tener un orgasmo.

- ¿Y bien? – Dijo Akasha

- Por la… sangre de Lilith… eso ha sido… eso…

- No finjas que nunca me habías probado, anda. Y me parece que esa serie de patéticos balbuceos no contestan a la cuestión fundamental: ¿Vas a seguir jodiéndome o te vas a largar de aquí?

- Te… te… te ruego que… disculpes mi insolencia, Akasha… - respondió Faith con voz entrecortada – pero… fuiste tú quien me despreció en primer lugar. No tenías por qué…

- Respuesta equivocada… - Dio un paso amenazante hacia ella - parece que, al fin y al cabo, no eres tan lista.

- Tranquila, tranquila… me voy ¿vale? Me voy ya mismo. – las palabras se agolparon en la boca de Faith atropelladamente, y, acto seguido, se dio la vuelta y se dirigió hacia la salida, no sin antes mascullar un “furcia de mierda” cargado de rabia.

Akasha oyó el insulto, por supuesto, pero dejó que Faith se marchase, no por compasión, clemencia u orgullosa condescendencia, sino porque acababa de localizar a Lestat. Estaba sentado en una esquina de la barra, charlando animadamente con uno de los camareros. Una bella sonrisa iluminó su rostro mientras pensaba “Ahí estás… mascota”. Dentro de su boca, los colmillos crecieron por la excitación que siempre precede a la caza y se fue aproximando, entre contoneos, hacia su espalda.

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