miércoles, 22 de abril de 2009

Incitando a la censura...

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3. Relájate y empieza a leer.



A veces, tu mirada lo dice todo... no necesitas entreabrir esos labios voluptuosos para que sepa en qué estás pensando, no necesitas acercar tus manos a mi cuerpo, ni tu boca a mi cuello para conseguir lo que quieres... con esa única mirada ya basta para atraparme... y es como si tu cuerpo y el mío se llamasen, como si algo los empujase a fundirse el uno con el otro y no separarse jamás... mis labios rozan los tuyos, nuestras lenguas se abrazan en un sensual baile y mis manos se pierden en las curvas de tu cuerpo, casi con desesperación, mientras las tuyas recorren mi pecho, mi espalda, mi nuca... siento el calor en tu entrepierna, que se roza contra la mía, y sé que tú sientes en mi... algo más que calor... y me buscas... lascivamente... acariciándome primero por encima del pantalón, haciendo que mi mente se nuble, que piense que voy a explotar... y cuelas tu mano por dentro sin que en ningún momento nuestras lenguas hayan abandonado su danza... la recorres suavemente, la acaricias, la rodeas con tus dedos haciéndome sentir cosas que nunca había sentido hasta que te conocí... nuestra ropa va cayendo al suelo con la misma naturalidad con la que una hoja muerta se desprende de su árbol, como si ese fuese su destino, como si fuese la única opción concebible... me miras directamente a los ojos, mordiéndote el labio inferior... como el primer día... como cada vez desde el primer día... y te arrodillas ante mí, como si fuese un ídolo ancestral, como si fuese un dios pagano al que debes rendir pleitesía... y me haces tu ofrenda, y todo es lengua, labios, dedos, besos, caricias, profundidad y suavidad...

Y sabiendo que en realidad tienes el poder, aunque estés arrodillada, tus ojos se clavan en los míos una y otra vez... estoy completamente a tu merced... ahora más lentamente... ahora con más fuerza... ahora más profundamente... lengua y mano... succión... velocidad... recreación... rapidez... y entonces paras y me sonríes con malicia antes de volver a someterme... desde ahí abajo, donde te conviertes en la más poderosa de las diosas y donde me conviertes en el más servil de los creyentes, donde destronas a cualquier reina y te alzas gloriosa sobre cualquiera que haya querido humillarte, donde me despojas de la divinidad que tú misma me habías otorgado, reclamándola por propio derecho...

Y vuelves a mí... tu boca se convierte en mano, sin la mínima piedad o concesión, y tus pechos se aprietan contra mi torso, nuestras lenguas vuelven a abrazarse en esa eterna danza que nunca habían deseado abandonar, y siento mi sabor en tu boca... me paseo por tu cuello, lamiendo, mordisqueando, chupeteando, mientras mis manos viajan de nuevo por tus curvas... encuentro tu calor, y tu humedad... las yemas de mis dedos recorren sutilmente la superficie cálida, suave y mojada, rozándote apenas, acariciando, entrando con suavidad... y todo es como una única caricia cuando siento el calor de tu aliento, el sonido de tus jadeos en mi oído, el temblor de tu cuerpo que se estremece... y quiero ser yo el que se arrodille ante ti, quiero besarte más profundamente que nunca, quiero hacerte mía como tú me has hecho tuyo... pero tus ojos me niegan ese derecho, me dicen que no hoy, que no esta vez... y me conduces hacia la cama...

Todo es mi cuerpo contra el tuyo y éxtasis contenido cuando nos tendemos sobre las sábanas... y comprendo finalmente tus deseos... comprendo sin necesidad de palabras que quieres mandar, someterme, utilizarme, poseerme como si no fuese más que un objeto cuyo único cometido en este mundo es darte placer... y no tengo más opción que plegarme a tu voluntad... te alzas sobre mí, te deslizas suavemente y me tomas... profundamente... aún estoy empezando a sentir tu calor y tu humedad cuando el primer espasmo de placer recorre tu cuerpo... acaricias tu labio superior con la lengua, me lanzas una mirada altiva y empiezas a cabalgarme salvajemente...


No existen palabras en ningún idioma que puedan llegar a plasmar cómo lo haces... la pasión en tus movimientos, la fuerza de cada imagen que grabas en mi retina, la violencia con la que tu cadera se contorsiona sobre mí, el rítmico movimiento de tus pechos, tus muslos abrazando mi cuerpo... y soy tuyo... completamente tuyo... cuando mi mano se enreda en tu pelo para obligarte a mirarme soy tuyo, cuando siento cada una de las pequeñas convulsiones que el placer provoca dentro de ti soy tuyo, cuando llegas una y otra vez al éxtasis, apoyando tus manos en mi pecho, clavándote en mí, soy tuyo, cuando sujeto tus hombros para intentar, vanamente, tomar el control de la situación, soy tuyo...

Y siento que me estás condenando irremisiblemente... que no hay marcha atrás... sujetas las bridas y me espoleas sin piedad, cabalgando cada vez con mayor velocidad hasta el inevitable destino final... oleadas de placer estremecen todo mi cuerpo, y sé que puedes sentir dentro de ti cómo se aproxima... y de nuevo calor, y humedad, y palpitaciones, y uñas arañando, y espasmos, y sudor... y tu grito de placer cuando me vacío entre sacudidas...

Entreabriendo los ojos, te veo sobre mí, aún contoneándote... Amazona orgullosa, mirando condescendientemente a tu montura... satisfecha de haber domado a este caballo salvaje... sintiéndote poderosa... sabiendo que siempre podrás tener lo que quieres... sabiendo que siempre será igual de bueno... sabiendo que eres tú quien elige ser diosa o meretriz...

La arrogancia en tus ojos se convierte en otra cosa, y, desnuda y libre, me sonríes y me besas...

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