lunes, 16 de junio de 2008

Y... aquí está, amiguitxs...


Los dos sabían lo que iba a ocurrir en cuanto llegasen al piso de la vampiresa, pero caminaron hasta allí sin intercambiar más que alguna banalidad, subieron en silencio en el ascensor y, tras cruzar el umbral de la puerta, sin mediar palabra, se fundieron el uno con el otro… y enseguida estaban ya desnudos, entre las sábanas de seda, sintiéndose mutuamente con la percepción aumentada que tienen los vampiros, manteniendo una sesión de sexo con los movimientos más gráciles y perfectos que una mente humana podría intentar imaginar. Era a la vez bello y salvaje, primario y excelso, una sensual danza que podría hipnotizar a cualquiera que la viese.

Las ventanas estaban, obviamente, preparadas para no dejar pasar la luz del sol, y, por lo tanto, los dos amantes no tenían que preocuparse por la proximidad del amanecer. Juguetearon durante horas, pero Akasha siempre acababa mandando, porque era lo que le gustaba, porque lo de “entregarse” al otro no iba con la manera de ser de la vampiresa. Ella utilizaba a la gente, ella jugaba siempre que tenía la ocasión de hacerlo, y el sexo no era una excepción sino uno de sus juegos favoritos. En todo momento mantuvo el control de la situación, cabalgando salvajemente a Marduk, utilizándolo para darse placer, aprovechando cada uno de de sus movimientos y cada una de sus embestidas para disfrutar todo lo que su naturaleza superior le permitía disfrutar, sin preocuparse en absoluto por lo que estuviese sintiendo él. Llegaron al éxtasis varias veces, hasta que Akasha decidió que ya tenía suficiente, y se separaron para quedarse dormidos…

Estaba exhausta, y, al levantar la cabeza, su mirada sólo conseguía ver aquella inabarcable superficie líquida, aquel inmenso lago negro como el azabache, impenetrable y brillante, que ondeaba tranquilo a la brisa de la noche.

A pesar de ser una imagen aparentemente apacible, la vista del lago la desasosegaba, le hacía sentir la presencia de un peligro inminente. Sentía el cuerpo húmedo de sudor, pero sin embargo, el miedo no le dejaba sentir mucho más. Sus pies descalzos se hundían ligeramente en la arena de la orilla, y, a su espalda, escuchaba una respiración entrecortada que se acercaba. Sabía que no había otra vía de escape que aquellas aguas negras, pero su tétrico color le hacía temer sobre lo que podía ocultarse en sus oscuras profundidades.


Paralizada por el miedo, y mirando hacia el lago, se dio cuenta de que estaba llorando y de que su cuerpo temblaba inconteniblemente. Aquella respiración se acercaba cada vez más y Akasha presentía que no había nada que pudiese hacer para escapar, que todo lo que le quedaba era esperar trágicamente a que ocurriese lo que tuviese que ocurrir. Su corazón palpitaba con fuerza dentro del pecho, y el sonido de sus latidos le retumbaba en los oídos, el sudor frío que corría por sus sienes y se deslizaba sobre su rostro hacía que su cuerpo se estremeciese más aún, y que un escalofrío recorriese su columna… una mano dura y callosa la sujetó por el hombro y Akasha despertó.

- ¿Gimes en sueños? – la mano de Marduk sacudía levemente el hombro de la vampiresa – ¿Es que esta vez no he cumplido y te has quedado con ganas de más?

- Marduk… puto gilipollas… – farfulló Akasha, y, acto seguido, se dio media vuelta y se quedó dormida de nuevo.

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