lunes, 14 de enero de 2008

Antes de nada...

... espero que lxs que no hayáis visto mi entrada de blog de ayer le echéis un vistazo. Y ahora, a lo que iba:

If I Was Your Vampire...

V

- ¿Te importa ir avisando a Raziel mientras yo termino con esta mierda?
- La verdad es que no sé qué idea me gusta más, si la de quedarme aquí hurgando en las sobras de tu comida o la de meterme en las alcantarillas para buscar a ese engendro deforme – Dijo el vampiro con una media sonrisa en los labios.
- ¿Para qué te vas a meter en las alcantarillas cuando lo puedes llamar por teléfono? ¿Es que te gusta pasear entre desperdicios y animales carroñeros? – le respondió Akasha con una ligera expresión de fastidio.
- ¡No me jodas que ahora los Nosferatu tienen teléfono! ¡El mundo se está volviendo loco!
- Sabes de sobra que Raziel tiene una línea de teléfono pirateada en ese agujero en el que vive, así que, deja un rato de decir gilipolleces y llámalo – Le dijo fríamente la vampiresa.
- Vale, vale… no hace falta que enseñes los colmillos, vampi - Dijo Marduk cambiando su habitual expresión sonriente por un gesto carente de sentimientos.

Marduk salió al pasillo. Se alegraba de alejarse de aquella carnicería. Una cosa era beberse la sangre de los humanos, y otra muy distinta soportar el hedor de sus cuerpos muertos. A cualquier vampiro le repugnaba la sola idea de tener cerca un apestoso cadáver humano. Sacó el teléfono móvil del bolsillo interior de su cazadora de cuero y llamó a Raziel.

- ¿Sí? – contestó una voz cavernosa y entrecortada al otro lado de la línea.
- ¿Raziel? Soy Marduk… tenemos un nuevo cargamento de pienso para tus niñas.
- Hora… sitio…
- Estoy en casa de Akasha, ya sabes dónde es. En media hora podemos estar en el callejón… digo… en la calle Bachman… no, espera… danos una hora mejor.
- La luz vuelve en dos horas y diez minutos… sed puntuales – Dijo secamente Raziel, y colgó.
- ¡Qué majete que es el Quasimodo! – Le dijo Marduk a la pared del pasillo de Akasha, y volvió a entrar en el cuarto de baño - ¿Acabaste ya con eso, Akasha? Supongo que te querrás duchar… ¿Necesitas a alguien que te frote la espalda?
- Supones bien… y, no. Creo que me basto yo sola. Coge esto – Le dijo la vampiresa tendiéndole las bolsas de basura.
- Intenta no tardar demasiado… le he dicho a Raziel que estaríamos en el callejón en una hora, así que, tienes 45 minutos para estar radiante y arrebatadora.
- Por eso mismo no te dejo que te duches conmigo, Marduk… - le dijo Akasha guiñándole un ojo - llegaríamos tarde.

La puerta del baño se cerró en sus narices, y Marduk cayó en la cuenta de que no se había lavado las manos después de recoger los miembros del cadáver. “Mierda” pensó, “he tocado el móvil con las manos sucias… y me lo he metido en el bolsillo de la cazadora”. Caminó con tranquilidad hasta la aséptica cocina y se lavó las manos en el fregadero, que era negro como la bañera. Las cocinas de las casas de los vampiros siempre se veían extremadamente limpias, por la falta de uso. Nunca había restos de grasa en los fogones, las paredes no se impregnaban con los olores habituales de las cocinas humanas, la nevera funcionaba únicamente para mantener fría alguna bolsa de plasma… y aquella limpieza antinatural hacía que cualquier humano que entrase en la cocina de un vampiro se sintiese incómodo y extraño sin llegar a saber por qué.

En cuanto Akasha estuvo lista, partieron al encuentro del Nosferatu, sin hablar entre ellos, cargados con las bolsas de basura, donde se apelotonaban los miembros mutilados y los órganos muertos del cadáver. La calle Bachman estaba bastante cerca del bloque de pisos donde vivía Akasha, y se ganaba por méritos propios el calificativo de “callejón”. Casi todos los puntos de encuentro con los Nosferatu eran así… oscuras callejuelas donde se amontonaban los contenedores de basura, donde se refugiaban los perros callejeros, donde las ratas se sentían como en su propia casa.
Los vampiros pronto llegaron hasta la calle Bachman. Era una callejuela estrecha, mal iluminada y con un hedor pestilente, mezcla de basura, orines y excrementos de animales.

- Me encanta el olor de esta calle… huele a Nosferatu – Dijo Marduk riéndose cínicamente.
- Marduk, discúlpate o atente a las consecuencias – Susurró el Nosferatu desde las sombras con su voz gutural.

El vampiro cambió inmediatamente su semblante, la sonrisa se borró de su cara y su rostro reflejó un arcano respeto hacia su hermano y toda su estirpe. Buscó al Nosferatu con la mirada, y en cuanto lo vio, agazapado tras un contenedor, observándolos con sus rojizos ojos, bajó la cabeza haciéndole una reverencia.

- Raziel, me humillo ante ti y ante todos mis hermanos Nosferatu, e imploro perdón por mi ofensa contra la sangre de Lilith.

El Nosferatu se acercó a ellos con una dura expresión en su horrendo rostro deforme. Miró a Marduk directamente a los ojos, y le enseñó su afilada dentadura mientras emitía un leve gruñido, acercando su cara cada vez más a la del vampiro. Akasha se adelantó un poco y le habló.

- Traemos comida para vuestras ratas, Raziel, y también un traje prácticamente nuevo.
- ¿Qué otra razón os iba a traer hasta mí? – le contestó Raziel, alejando su rostro del de Marduk y esbozando una terrible sonrisa.
- ¿Significa esa sonrisa que me he librado de la muerte una vez más, Raziel? – Le dijo Marduk.
- Tus disculpas fueron aceptadas en el mismo momento en que las pronunciaste, hermano. Dejadme ver qué me traeis.
- Despojos humanos, como de costumbre… ¿o qué te creías? ¿Que íbamos a traer faisanes para alimentar a vuestras ratas? – Dijo Marduk recuperando su cínica sonrisa.
- Me refería a las ropas, necio – Raziel hurgó en una de las bolsas – La camisa tiene algunas gotas de sangre seca… El resto parece en perfectas condiciones…
- Tenemos que irnos ya, Raziel… - Dijo Akasha
- No os demoréis demasiado en vuestro retorno, la luz no tardará en llegar – Le respondió Raziel – Los Nosferatu os dan las gracias por vuestro generoso gesto.

Dicho esto, cogió las bolsas de basura con una de sus zarpas y desapareció entre las sombras sin que los dos vampiros pudiesen llegar a reaccionar ante su gratitud.

- Llevo casi doscientos años tratando con estos bichos, pero creo que nunca me llegaré a acostumbrar a ellos – Dijo Marduk
- Y, un día de estos, te la vas a ganar de verdad si no aprendes a cerrar esa bocaza tan encantadora que tienes… - Le dijo Akasha, paseando su dedo índice por los labios de Marduk.
- ¿Cómo iba yo a saber que Raziel ya estaba ahí? Cualquiera huele a nadie en un sitio tan jodidamente apestoso como este.
- Bueno, da igual… sabes cuidar tu cuello… - Le dijo Akasha – es bastante tarde ¿qué te parece si te quedas a dormir en mi casa?
- ¡Jamás osaría despreciar tamaño honor, oh, reina de los condenados! – Respondió Marduk, inclinándose ante ella.
- Cada día que pasa eres un poco más imbécil, Marduk – Dijo Akasha riéndose – Anda, vámonos ya.

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