lunes, 26 de noviembre de 2007

Y sigue creciendo...

If I Was Your Vampire...


III


La noche que todo empezó, Akasha bailaba en el centro de la pista de una discoteca, se contoneaba lascivamente, fundiéndose con la música, y, como siempre, era el centro de todas las miradas. En la pista también se dejaba querer, pero mantenía las distancias, porque sabía que ella era demasiado para todo aquel ganado que se apelotonaba en aquel primitivo ritual de apareamiento adornado y maquillado como simple diversión.


Buscaba con los ojos entre todos los humanos que se le acercaban, intentando seleccionar a su nueva mascota, pero ninguno de aquellos monigotes le parecía digno, y entonces sus ojos se encontraron con los de un chico que la miraba bailar desde un lado de la pista. Lo vio allí parado, con una cerveza en la mano, como si todo lo que le rodeaba le importase una mierda, mirándola con aparente desinterés y pensó “Vaya, uno de los que van de duros… tú también caerás, pequeñín, vas a ser mi mascota”.


Se volvió hacia él y le dedicó su más sensual giro de cadera antes de acercarse un poco sin dejar nunca de bailar, mirándole fijamente a los ojos, desplegando todas sus armas ante lo que parecía una conquista de las duras. Pero él enseguida le sonrió, y, aunque no se unió a ella en su baile, se acercó y le tendió la cerveza, ofreciéndole un trago. A Akasha aquel ofrecimiento le pareció tan ridículo que dejó de bailar, y empezó a reírse. Él cambió de actitud al momento, su rostro adoptó una expresión dura, pero no se marchó, sino que se quedó allí delante, mirándola fijamente con algo que no se sabía si era odio o decepción. Akasha sabía bien cómo jugar sus cartas, así que, se acercó a él y le habló al oído:


- ¿No te parece una guarrada eso de ofrecerle cerveza a otra persona de tu propia botella?


- No – le contestó él – me parece una buena manera de demostrar interés por ti… ¿O qué te crees? ¿Qué me bebería las babas de cualquiera?


Ella se rió, en parte por la ocurrencia, en parte porque el pobre tipo había mordido el anzuelo, se lo había tragado y lo tenía ya clavado en el estómago. Cuando acabase la noche, tendría una nueva mascota con la que jugar.


- No te conozco – le dijo ella – así que no sé hasta qué punto te gusta beberte las babas de la gente.


- Pues creo que, con lo que te acabo de decir, ya deberías haber llegado a alguna conclusión al respecto ¿no? En fin, encantado de conocerte… creo que me voy a largar de este antro, que me empiezo a agobiar.


Akasha se sintió a la vez insultada y retada por la respuesta del chico ¿Osaba sugerir que se iba a marchar después de que ella se hubiese fijado en él? No lo acababa de entender… primero le había parecido duro de roer, después, le pareció que lo tenía ya en sus manos… y ahora… eso. No podía permitirlo, ella era irresistible, y todos caían rendidos a sus pies, y, una vez había decidido que este tipo iba a ser su mascota, no estaba dispuesta a echarse atrás, a dejarlo escapar tan fácilmente.


- Espera, espera… ¿te vas ya? – le preguntó.


- Sí, la verdad es que no me gustan demasiado este tipo de sitios, y ya empiezo a estar un poco hasta los cojones de tragar humo y joderme los tímpanos.


- Y, digo yo… si no te gustan estos sitios ¿por qué estás aquí? – le dijo mientras lo sujetaba delicada pero firmemente del brazo.


El chico bajó la mirada hacia la mano de la vampiresa, que aferraba su brazo, sonrió y clavó sus ojos en los de Akasha mientras arqueaba las cejas.


- Si quieres que te cuente mi vida ¿No sería mejor buscar un lugar con menos ruido?


Entonces, puso su mano sobre la de ella, y sin dejar de mirarla a los ojos, fue soltando dedo por dedo la mano de la vampiresa. En cuanto se vio libre, se dio la vuelta y se perdió entre la multitud, caminando hacia la salida de la discoteca.


Akasha tardó en reaccionar, este humano tenía algo extraño que la desconcertaba y se sentía algo perdida, pero la firme decisión de convertirlo en su mascota y humillarlo como nunca antes había humillado a nadie la convenció para tragarse su orgullo y salir tras él.


Cuando salió por la puerta del local, se lo encontró justo en frente, sentado sobre el capó de un coche, mirándola despreocupadamente, como si la estuviese esperando porque sabía que ella iba a ir tras él.


- Un amigo me arrastró hasta este sitio, él ligó, yo no, y de repente me encontré solo en un tipo de local que me da asco… fin de la historia – le dijo él – y ahora… ¿por qué no empezamos como hay que empezar?


Se acercó a ella y le tendió la mano.


- Me llamo Lestat, ¿y tú?


- Yo me llamo Akasha – le contestó con la mejor de sus sonrisas - ¿Me vas a dar la mano y no dos besos?


- Akasha… curioso nombre… nunca lo había escuchado. Yo te doy dos besos si es eso lo que quieres… al fin y al cabo, me salen gratis – le dijo sonriendo y, acto seguido, se acercó a ella y se los dio.


- ¿Cómo es que tu amigo ha ligado y tú no, Lestat?


- Supongo que no pongo demasiado de mi parte, aunque que la tía más buena de la discoteca me haya seguido hasta fuera para hablar conmigo se podría considerar “ligar” ¿no? – Le dijo riéndose una vez más.


- No saques conclusiones precipitadas, pequeñín, te he seguido porque estás bueno, pero aún me tienes que demostrar lo que vales.


- Ya, bueno, pero creo que estar tanto tiempo soportando empujones ahí dentro me ha quitado las ganas de demostrar nada, así que, lo que voy a hacer es largarme a mi casa a dormir un poco. Todo un placer, Akasha.


- ¿De verdad te vas a ir? ¿Vas a dejar a la chica más guapa de la discoteca en la puta puerta y sola?


- Pues… sí – le contestó Lestat, y empezó a caminar calle arriba.


- Espera, espera, espera… - Akasha siguió a Lestat - quiero volver a verte, y, como no te gustan los sitios de este estilo, preferiría saber dónde buscarte.


Él se paró.


- Hay un bar por el que me suelo pasar. Se llama “Bluebird”. Es un sitio tranquilo, ponen buena música y se puede hablar sin tener que gritarle al oído a tu acompañante. Voy allí todos los viernes por la noche, así que… ya sabes dónde buscarme… nos vemos, belleza.


Akasha se quedó clavada en el suelo, viendo cómo se alejaba calle arriba sin volver la vista atrás, sintiéndose un tanto gilipollas. Era la primera vez que un sucio humano la trataba así… de hecho, era la primera vez que alguien la trataba así…


¿Por qué no había cedido? Ella era preciosa, mucho más bella que cualquier humano y con una belleza que destacaba incluso entre los vampiros. Y había tenido casi que suplicarle por su atención. Sintió cómo su naturaleza de criatura de la noche se despertaba en su interior, y una rabia indescriptible la iba invadiendo. Volvió a la discoteca, al centro de la pista, a su territorio de caza habitual y bailó furiosamente, contoneándose, siendo una vez más el centro de atención… allí era la reina, estaba en su trono y todos estaban a sus pies.


Agarró al primer moscón que se le acercó y se rozó contra él, bailó de la manera más sensual de la que era capaz, rozando sus pechos contra él, acercando y alejando rítmicamente su entrepierna, rodeándolo con los brazos… y pronto lo tuvo a su merced. Se lo llevó a su piso, y él se dejó conducir como un cerdo al matadero. Esta vez no quería jugar, sólo quería sangre, así que, en cuanto la puerta se cerró a su espalda, se abalanzó sobre él y le clavó los colmillos en la yugular. Un chorro de sangre salió disparado de la herida, contra su barbilla, y bajó chorreando por su cuello, pero enseguida selló el escape con los labios y empezó a beber, a secar a aquel pobre mortal. Notó una erección en su entrepierna y pensó “Pobre idiota… pronto no habrá sangre para rellenar ese estúpido apéndice”.


El tipo murió sin llegar a enterarse de lo que estaba pasando, pensando que una cachonda le estaba mordiendo el cuello y que esa noche iba a follar.


Al terminar, Akasha arrojó al suelo el cuerpo seco de aquel humano y se limpió con la mano la sangre que bajaba por su cuello para después lamerla, porque no le gustaba tirar la comida.

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