jueves, 15 de noviembre de 2007

La Pirámide crece un poco...

If I Was Your Vampire...


II

Akasha siempre había sido una buena vampiresa, utilizaba sus poderosos atributos físicos para engañar a los humanos y utilizarlos como el ganado que eran, y todos caían deslumbrados ante su belleza, su larga cabellera rubia, sus carnosos labios, sus enormes pechos y, sobre todo, ante su irresistible mirada de vampiresa, que se clavaba en ellos y convencía por igual a hombres y mujeres.

Estaba acostumbrada a jugar con ellos, a despreciar sus sentimientos, a manipularlos con una facilidad que muchas veces le daba ganas de reírse, porque todos se creían cualquier cosa que les dijese, porque todos estaban dispuestos a encontrar lo que querían oír en cualquier vaguedad que saliese por su boca.

Y la noche era suya… se paseaba por los centros de reunión de los humanos, los pubs, las discotecas… siempre llamando la atención, siendo el centro de todas las miradas. Ni siquiera necesitaba cazar, se limitaba a exhibirse, y ellos eran los que se le acercaban… no tenía más que escoger al mejor ejemplar, y saciar su sed.

Pero a Akasha le gustaba demasiado jugar como para limitarse a llevar a su víctima a un callejón oscuro y allí acabar con su miserable existencia, ella coqueteaba, fingía interés, les hacía hacerse ilusiones… muchas veces había pasado noches sin comer, o había saciado su sed de sangre con apestosas ratas o con sucios mendigos para poder seguir con el juego durante varias semanas, para sentir el placer de la manipulación.

Esos pequeños machitos que buscaban un hermoso florero para adornar su patética existencia, esas niñas góticas que decidían, al conocerla, que el lesbianismo era su camino hacia la felicidad, los que sólo buscaban sexo, los que creían haber encontrado al amor de su vida en ella… todos le divertían por igual, y a todos los despreciaba por igual.

Les decía justo lo que esperaban oír, se los llevaba a su casa, los calentaba, les dejaba que la sobasen un poco, a veces incluso se los follaba, aunque no solía hacerlo… el sexo con un humano no se podía comparar con el sexo entre vampiros… y es lógico, los vampiros sienten de otra manera, perciben de otra manera, y se tocan de otra manera… de una manera incomparablemente superior.

Además… si se los follaba, lo más probable era que el juego terminase antes de tiempo ya que, en el medio de la excitación, le costaba evitar clavar los dientes en el cuello de su víctima y robarle toda su sangre entre espasmos orgásmicos.

Y ella no quería eso, ella quería escucharlos decirle que era preciosa, que la deseaban, que harían cualquier cosa por ella, que la amaban… quería tenerlos a sus pies, y siempre lo conseguía sin el mayor esfuerzo.

Cuando al fin los tenía postrados ante ella, los torturaba un poco, les hacía sufrir, coqueteaba con otra gente delante de la víctima de turno, los ignoraba para después volver a hacerles caso, les hacía sentirse culpables por su exceso de atención… y, finalmente, siempre se acababa repitiendo la misma escena: La víctima en su piso, emocionalmente destrozada, suplicándole, llorando, pidiéndole que por favor no desapareciese de su vida… y era entonces cuando ella les preguntaba “¿Morirías por mí?”, y todas esas patéticas ratas, borrachas de una insana adoración hacia ella, respondían estúpidamente que sí, que harían cualquier cosa por ella. Y en ese momento, les mostraba su verdadera naturaleza, sacando sus colmillos, haciéndoles entender que todo había sido un juego, que habían sido utilizados… la tortura psicológica llegaba hasta el mismo momento de la muerte, y las víctimas morían sintiéndose despreciadas e imbéciles.

Le gustaba alardear de su crueldad ante el resto de sus hermanos vampiros, y estos escuchaban sus historias, y seguían sus conquistas, sus juegos y sus manipulaciones con adoración, esperando con ansia cada nuevo capítulo. Reían ante la estupidez de los humanos, y los despreciaban con ella, sintiéndose parte de una estirpe superior, de una especie que está por encima del bien y del mal. A veces le sugerían cosas, pero ella no necesitaba que le diesen ideas, sabía muy bien lo que le gustaba y cómo conseguirlo, así que, se limitaba a sonreír ante las sugerencias de sus hermanos, porque ninguno llegaba realmente a su nivel de perversión.

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