miércoles, 2 de mayo de 2007

Ese Viña, ese Viña... ¡¡Eh!! ¡¡Eh!!

La Odisea del Viña Rock

Acabo de llegar de vuelta a casa, y, en éstos momentos, no hago más que preguntarme si he hecho algo para desequilibrar la rueda del Karma, si en realidad todas las cosas que ocurrieron entre el día 26 y el 29 de abril fueron una especie de castigo contra mi persona por parte de las fuerzas que equilibran el bien y el mal en el universo (en realidad no creo en nada de esa mierda jipi, pero queda bien empezar así una historia).

En principio, la cosa tenía que ser muy sencilla: había quedado en Madrid con una gente a la que conocí en el chat del Soulseek para ir al Viña Rock todos juntos, llegaría a Madrid el 26 por la noche, nos iríamos a Benicassim el 27 al medio día y volveríamos a Madrid el 30 por la mañana… Fácil ¿no? Pues… ¡JA! ¡JA! ¡JA!

Bueno… lo cierto es que el viaje a Madrid y la cena del primer día no tuvieron nada especial que merezca ser contado (aunque sí que merecieron ser vividos), así que pasaré directamente al viernes:

Plan Inicial: Cuando Laur llegase de currar (a la una, o así… me parece) nos meteríamos los tres (Laur, Somer y yo) en el coche y nos largaríamos a Benicassim.

Lo que pasó de verdad: Somer y yo estábamos esperando a que llegase Laur, y como tardaba, Somer la llamó… Resulta que le habían dado una hostia por detrás en el coche (la felicidad llenaba mi mente mientras pensaba: “bien… ya se ha jodido el Viña”). Llegó a casa, con tantas ganas de ir al Viña como de que le reventasen los globos oculares con una cucharilla de café, y con toda la parte trasera del coche destrozada. Tuvimos que esperar hasta las cinco, para que llevase el coche al taller así que, para pasar el tiempo, Laur y Somer se fueron a “dormir la siesta” y yo me quedé con Ana, la compañera de piso de Laur, que, simpática y acogedora, me infló a base de cerveza y me hizo pensar que a lo mejor lo de quedarse sin Viña Rock podría no ser tan mala idea.

A las cinco, Laur llevó el coche al taller… diagnóstico: “Apto para hacer un viaje de 400 kilómetros” así que, sobre las seis, salimos al fin de Madrid (y, como el maletero no se podía abrir… ¿adivináis quién tuvo que ir apretujado en medio de un montón de mochilas, tiendas de campaña, colchones y esterillas?), justo a tiempo para pillar los embotellamientos del puente del primero de mayo… y, además, con lluvia, y sabiendo que

1) en Benicassim estaba lloviendo y

2) íbamos a llegar de noche, y tendríamos que montar las tiendas a oscuras y mojándonos.

Ni qué decir tiene que la moral de la tropa estaba por los suelos… Laur iba bastante nerviosa aún por el accidente, con dolor de espalda, y jodida porque no iba a llegar a tiempo para ver a Manu Chao (no acabo de entender el jodido interés que puede tener para nadie ver a ese impresentable, pero bueno…) así que, lo que le pasó no es más que una reacción humana: se agobió y empezó a llorar y a decir que no podía conducir más… ¿qué hicimos al respecto? pues meternos en el primer pueblo que encontramos (no me acuerdo muy bien del nombre… sólo sé que era por Teruel y se llamaba “Puebla de… algo”) y preguntar en un bar dónde podíamos dormir sin gastarnos demasiado dinero. La camarera nos informó de que en el pueblo había un hotel, pero que era “muy caro pa lo que tiene” y nos dio el nombre de otro (tres estrellas, desayuno de buffet libre incluído, 25 euros-noche) en Mora de Rubielos… Allí pasamos la noche, desayunamos al día siguiente y partimos hacia Benicassim bajo las lluvias perpetuas.

No comentaré el viaje hasta Benicassim, porque ya me estoy pasando de plasta con toooodo lo que estoy poniendo, pero incluyó piedras por la carretera, curvas, contracurvas y recontracurvas que daban bastante miedo y unos ánimos de fiesta cada vez mayores dentro del coche.

Una vez llegados allí, el panorama se presentaba bastante desolador: Tiendas plantadas en cualquier parte, coches aparcados en los sitios más peligrosos (por ejemplo: debajo de un puentecillo, ocupando todo un carril de la carretera), gente empapada paseándose por todos lados, y NI UN PUTO CARTEL que indicase dónde estaban las zonas de acampada oficiales… Y, para postre, cuando conseguimos aparcar, se nos clavó la rueda del coche en el barro, y, el embrague empezó a echar humo al intentar sacarla… (tanto Laur como Somer saltaban de alegría)

Nos fuimos hasta el recinto donde estaban los escenarios. Yo tenía la esperanza de que, al ver el ambientillo de festival, la parejita se animase un poco… pero el plan pasó pronto de “Montamos tu tienda y nosotros dormimos en el coche” a “Nos vamos a Madrid YA”… y yo con mi mejor sonrisa, diciéndoles: “Pero ¡arriba ese ánimo!” “Con lo que nos costó llegar ¿de verdad os queréis marchar?” “Cuando estéis borrachos ya veréis cómo lo veis todo de otra manera”… pero nada… no se movieron del “Nos vamos a Madrid” y, cuando me preguntaron “¿Te quieres quedar?” mi mente se iluminó… aún tardé un rato en decidirme, pero, cuanto más lo pensaba, más me atraía la idea de lanzarme a la aventura sin saber ni dónde iba a dormir, ni cómo o cuándo iba a llegar de vuelta a Madrid… así que, sintiéndome un Vagabundo del Dharma, cogí como equipaje mi palestina, mi chaqueta militar, el móvil, la cartera con la tarjeta de crédito, (le quita romanticismo al asunto, pero facilita mucho las cosas) y dos paquetes de Kleenex y me fui yo solo bajo la lluvia hacia el recinto del Viña Rock.

Tenía el teléfono de __dsa__, que es otra de las personas del Soulseek con las que me llevo bien, y sabía que había ido al festival, así que, aunque no sabía ni qué cara tenía, me puse en contacto con él y, a base de mensajes (hablar por teléfono en un festival… ¿lo habéis intentado?) conseguimos encontrarnos.

Poco después empezó a diluviar, pero encontramos sitio bajo un toldo de tres por tres metros, desde donde se veía (entre las cabezas de la gente apelotonada) el escenario New Rock. Vimos la actuación de Koma desde allí, con apagón en-el-puto-medio-de-una-puta-canción incluído, y yo me sentía más como si estuviese en un pub agobiante que como alguien que está en un concierto (a todo esto, no sólo la gente se apelotonaba cada vez más, sino que el suelo estaba cada vez más encharcado, y por mucho que intenté crear con vasos de plástico un segundo suelo, la cosa no funcionó y pronto mis pies estuvieron empapados) así que decidí que “por los cojones voy a ver a Soulfly desde un puto toldo”… Dicho y hecho: En cuanto empezaron los samplers que abren el Dark Ages, me abrí camino entre la gente del toldo y me fui hasta lo más cerca que pude del escenario, debajo de una lluvia que me dejó calado totalmente a los ¿veinte segundos? ¿treinta? (mi chaqueta rezumó agua hasta la noche del día siguiente, y mi pelo no se secó hasta bien entrada la mañana del día siguiente) y entonces salió Max Cavalera, empezaron a tocar “Babylon” y no pude evitar ponerme a saltar como un loco, empapado, y sintiéndome como si el mundo se fuese a acabar (bueno… todo aquello me parecía bastante apocalíptico)… No aguanté más de tres o cuatro canciones (gritar y saltar a la vez cansa que no veas), pero bastaron para hacerme sentir que había merecido la pena quedarme… no me largué del concierto, pero me volví al toldo y, poco después, dejó de llover, así que pudimos ver el resto del concierto decentemente. La verdad es que fue un conciertazo, con todo el pack incluído: el hijo de Max salió a cantar en “Bleed”, tocaron canciones de Sepultura e incluso una de Nailbomb, y si nos olvidamos de que, de vez en cuando, se escuchaba ligeramente lo que salía del escenario Hip-Hop, no se le podía pedir mucho más a la noche… Y aún faltaban los S.A… o eso creíamos nosotros.

Hubo dos razones que me convencieron para ir al Viña Rock este año; una eran Soulfly y la otra Soziedad Alkohólika, pero, cuando llegamos al escenario Matarile, una de las pantallas rezaba “debido a las intensas lluvias, las actuaciones de los escenarios Republicca y Matarile quedan aplazadas”… y yo pensé: “¡Qué alegría más inmensa inunda mi corazón!” Y, algo jodido por no haber visto a S.A., pero feliz por el concierto de Soulfly, fui hasta la zona de comidas para comprarme algo para cenar (Pizza, 3’5 Euros) y de allí, a la zona de acampada (inundada en ciertas partes, convertida en un auténtico basurero en otras).

La noche fue toda una experiencia límite. Uno de los colegas de __dsa__ tenía sitio para mí en su tienda, así que, con la ropa empapada, y sin saco, me dispuse a intentar dormir en una tienda con el suelo húmedo. Cada vez que apoyaba una parte del cuerpo en el suelo, el agua se me clavaba (lógicamente, es una especie de metáfora) y el frío se iba volviendo más y más insoportable, así que no conseguía aguantar demasiado en la misma postura, y siempre acababa sentado, intentando secarme con una toalla que me había prestado el dueño de la tienda. Si trataba de dormir sentado con las piernas cruzadas, se me dormían los pies (que estaban embutidos en unos calcetines empapados que alguna vez habían sido blancos pero que ahora parecían de camuflaje). Estuve toda la noche cambiando de postura… tumbado-de-lado-tumbado-de-espaldas-sentado-tumbado-de-lado… y empecé a emparanoiarme con que si pillaba un catarro o una pulmonía, no iba a tener una triste prenda seca con la que abrigarme… Y, finalmente, salió el sol… me desperecé, y me fui en busca de la estación de trenes. No tuve demasiados problemas para encontrarla… me compré el billete y, cuando llegó la hora, me volví a Madrid (con la chaqueta militar y la palestina aún empapadas, los pantalones llenos de manchas de barro y los pies semiencharcados).

Laur y Somer me vinieron a buscar, y pasé el resto del día con ellos (después de una buena ducha y un cambio de calcetines que me sentó MUUUUY bien). Algo más tarde llegó Ana, ligeramente alcoholizada, y, cuando me di cuenta, estábamos bebiéndonos entre los dos una botella de Queen Margot (un Whisky MUY malo) a palo seco. Una noche divertida para poner el broche final a la aventura.

Bueno… no os voy a contar lo que hicimos el día siguiente, porque, comparado con el resto, no es demasiado interesante, pero, desde luego, este Viña Rock será una experiencia que no olvidaré en toda mi vida (y, aunque pueda parecer otra cosa… ¡¡ME ENCANTÓ!!)

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