jueves, 15 de marzo de 2007

El Gran Ogro Yanki (una arenga algo caducada)

ONE NATION, UNDER GOD, WITH LIBERTY AND JUSTICE FOR ALL...
(Un articulillo que escribí poco después de la Guerra de Iraq)

Mucha gente se pregunta por qué la comunidad internacional parece disculpar toda actuación estadounidense, no importa a qué país amenacen, no importa qué país bombardeen o a qué dictador financien; no importa que mantengan un campo de concentración en Guantánamo para escapar de la legalidad internacional, no importa que no reconozcan al Tribunal Penal Internacional y no permitan que sus soldadxs sean juzgadxs por instituciones independientes mientras ellxs sí se atreven a juzgar y condenar a ex-presidentes como Sadam Hussein, no importa que mantengan la pena de muerte como forma de “justicia y venganza”...

Parece que EE.UU. es ese pequeño hijo tonto y bruto al que se le permite todo, sólo que calificar la política exterior estadounidense de “tonta y bruta” es pecar, como mínimo, de ingenuidad. Cada una de sus actuaciones tiene una motivación, ya sea política, económica, propagandística o una mezcla de las tres, ya que la línea divisoria es, muchas veces, difusa, y una misma actuación puede servir para todos los fines anteriormente enumerados, aparte de para toda una serie de fines geopolíticos que difícilmente podríamos llegar a imaginar el común de lxs mortales.

Mucha gente se pregunta cómo es posible que en el mundo occidental, democrático y supuestamente civilizado se permita la existencia de lo que podríamos denominar una especie de “matón internacional”, que utiliza la coacción y la fuerza bruta para conseguir cualquier cosa que se proponga, pero es como cuando hay un matón en la clase: Todxs dicen “¿Es que nadie piensa hacer nada?” ”Si nos juntásemos, podríamos darle una lección” pero, a no ser que se trate de una película de Disney, la lección nunca llega.

¿Por qué los gobiernos consienten la prepotencia estadounidense? A primera vista, por razones políticas, económicas y también militares.

Las más evidentes son las razones económicas, las cuales, no nos llamemos a error, están entretejidas con las razones políticas, y también con las militares, pero separándolas y diferenciándolas es más sencillo entenderlas como un todo. En una economía globalizada, las transacciones internacionales implican un elevado porcentaje de la actividad económica de los países. Esto implica que todo el mundo está continuamente comprando y vendiendo productos de otros países, es decir, la salud de su economía depende de que otros países compren su producción (no vamos a entrar en las implicaciones de comprar materias primas o elementos a incorporar en el producto final a países extranjeros, pero, por supuesto, también forma parte de todo el entramado). En este clima, los países del primer mundo intentan llevarse bien entre sí, dentro de lo que cabe en un contexto de feroz competencia, y ampliar mercados. Y, desde luego, los Estados Unidos son un jugoso manjar, ya que se trata de la mayor economía capitalista del mundo desarrollado. Son millones de personas consumiendo nuestros productos, lo cual implicaría, en caso de rotura de las relaciones, una caída considerable de la producción, que a su vez conllevaría despidos masivos, caída del consumo dentro del país y, por lo tanto una espiral de “despidos – paro - gente sin dinero - menos consumo - menos producción - más despidos” o lo que, eufemísticamente ha venido a llamarse “crisis económica”, cuando debería llamarse cáncer del capitalismo.

Por lo tanto, parece que lo más sensato es llevarse bien con los EE.UU., aunque sólo sea por puro egoísmo... pero, aquí viene la amarga ironía: Si ellos nos tienen agarradxs por el cuello, nosotrxs los tenemos a ellos por las pelotas, y me explico: Obviamente, si el proceso funciona para nosotrxs, también es reversible: EE.UU. nos vende muchas cosas, por lo cual, también existe una dependencia económica por su parte, pero la cosa no para ahí, porque, en global, nos deben dinero (se lo deben a casi todo el mundo), ya que uno de los problemas crónicos de la economía capitalista por excelencia es que su balanza de pagos tiene déficit. Gastan más de lo que ingresan, y, por mucho que intentan paliarlo a golpe de tipo de cambio (¿o te creías que el euro subía porque nosotrxs lo estábamos haciendo muy bien?) no lo consiguen: ¿Cuál es la conclusión lógica? No tenemos necesidad de obedecer y apoyar a los EE.UU., porque, una vez bipolarizado de nuevo el mundo (ésto es una simplificación bastante grande, pero bueno), con la U.E. en un lado y los U.S.A. en el otro, ninguna de las dos potencias tiene una necesidad real de callarse ante el otro... a no ser que quiera hacerlo, claro.

La razón militar es la más primaria de todas: Nadie le planta a cara a los EE.UU. por su poderío militar ¿Quién se atreve a levantarle la voz al matón de la clase? Desde luego, ningún país con una economía capitalista y un sistema político democrático teme realmente una agresión militar por parte de los EE.UU., pero todxs saben quién llevaría las de ganar, y no sólo por el tamaño de su ejército ¿Qué otro país cuenta con tantas bases militares desperdigadas a lo largo y ancho del mundo? ¿Qué otro país encontraría siempre países “amigos” dispuestos a colaborar en cualquier guerra, en cualquier parte del mundo? Y no es sólo eso, sino que su situación geográfica juega a su favor, encontrándose, como se encuentra, aislado en un extremo del mundo y rodeado de “países amigos” ¿Dejaría México a las fuerzas militares españolas acampar en su territorio o a los aviones repostar en sus aeropuertos en una hipotética guerra ontra los yanquis? ¿Tal vez Canadá? Puede que Cuba, pero también lo dudo. Y eso sin plantearse siquiera la posibilidad de que el país que lesdeclarase la guerra fuese musulmán (¿Quién se atrevería a ponerse de su lado?).

Los EE.UU. están dentro de una especie de campo de fuerza inexpugnable, su población civil y su sistema productivo no sufren las consecuencias negativas de la guerra, pero sí las positivas, es decir, una reactivación de la actividad económica (economía de guerra) yun nuevo aumento de su poder disuasor frente al resto del mundo, una reafirmación de su posición como matón de la clase. Pero los EE.UU. actúan como lo hacen, no sólo porque pueden, sino también porque les dejan ¿Realmente Alemania teme una invasión militar yanqui? Podemos afirmar que no, pero existe un acuerdo tácito a nivel internacional: EE.UU. son la policía mundial, y están ahí para defendernos si hace falta, así que, si esta policía es algo corrupta y utiliza su poder y autoridad en beneficio propio, mejor mirar hacia otro lado y dejarle hacer, porque, en el caso de que todxs esxs pobres del tercer mundo se harten de que les robemos, o todxs esos chinxs comunistas decidan invadirnos, o esxs árabes chifladxs nos amenacen con lanzarnos un pepino nuclear, lxs yanquis nos defenderán como hicieron en la II Guerra Mundial.

Todo esto nos lleva a las razones políticas: da la impresión de que todo el ”mundo occidental” (y también Japón) está alineado con lxs yanquis en un bando en una especie de guerra cuyo enemigo es alguien desconocido, un Goldstein sin rostro, enemigo de la democracia, la libertad y los derechos civiles (¿en Europa tenemos de eso?).

Probablemente sea correcto afirmar que esta situación mundial es relativamente nueva y que empezó con la guerra fría y la bipolarización. Desde EE.UU. se interpretó la guerra fría como la continuación de la II Guerra Mundial, y a todo lo que oliese a izquierda como continuación del Reich, así, se metió en el mismo saco que lxs nazis a comunistas autoritarixs, a trotskistas, a maoístas, a socialistas, a anarquistas y a todo aquel que no comulgase con la doctrina del ”libre mercado”. Los países se vieron en la obligación de optar por una de las dos opciones, adhiriéndose a la OTAN o bien al Pacto de Varsovia, pero el tiempo pasó, la URSS cayó por su propio peso y la OTAN siguió existiendo.

La guerra fría dejó un poso en las mentes de mucha gente que la vivió, y sirvió como excusa para nombrar, de forma no oficial, a un policía mundial que sirviese a los intereses del Gran Capital. De todo esto surgió esa especie de servilismo que empapa las relaciones internacionales: la política internacional a seguir con los EE.UU. es comportarse como si les debiésemos algo y no cuestionar nada de lo que hacen. Ellxs pueden saltarse los dictados de la ONU, pueden vender armas a quien les dé la gana, pueden declarar la guerra a quien quieran, cuando quieran y como quieran, pueden torturar a sus presxs, pisotear la declaración de los derechos humanos, e incluso dar toques de atención a otros países cuando no les gusta su política internacional, porque luego serán los demás los que vayan a pedir disculpas.

Todo esto nos lleva a cuestionarnos una cosa ¿Existe realmente la disposición, por parte de la U.E., la ONU o cualquier otro organismo internacional de hacer algo para parar al matón de la clase? NO, pero ¿podría alguien pararle los pies al gran ogro yanqui? ¡Por supuesto! Lo que ocurre es que no conviene, porque la existencia de EE.UU. mantiene la situación política y económica estabilizada: En un mundo unido bajo un único paradigma económico y político, es difícil concebir siquiera que un país se salga por derroteros autogestionarios, sociales o auténticamente anticapitalistas, y, si esto ocurriese, tengamos por seguro que todo el poder militar de la máquina yanqui se pondría en marcha para reprimir cualquier intento de saltarse la homogeneidad económica, social y política.

Además, a Europa le conviene económicamente que los EE.UU. invadan países, porque esto suele provocar un incremento de la actividad económica estadounidense, con el consiguiente crecimiento del consumo, lo que implica que los yanquis van a importar más productos europeos para satisfacer sus ansias de comprar. Un ejemplo: Tras la reciente invasión de Iraq, mientras en el resto del mundo veíamos con estupor cómo el precio de la gasolina subía desorbitadamente, en los EE.UU. su precio bajaba ¿Cuál es el resultado? La gente de clase media se vio con una cantidad extra de dinero en el bolsillo para gastar en superficialidades: Aumenta la demanda, lo que provoca un aumento de la producción, lo que hace aumentar el empleo (eso dice la teoría económica, y, aunque sea más que cuestionable, el aumento de la producción ya es interpretado como “bonanza económica”). Y eso sin tener en cuenta el impacto sobre los indicadores del incremento de producción en la industria armamentística durante la guerra y los ingresos extra de las constructoras en la posguerra.

Por lo tanto, lo mínimo que deberíamos hacer los “ciudadanos” cuando el/la politicuchx de turno se oponga a la agresiva política exterior estadounidense es desconfiar, porque hay demasiados intereses en juego como para creer en la palabra de un peón político. Para empezar, el Gran Capital, auténtico gobernante mundial en las sombras, no permitirá jamás que nadie que pretenda cuestionar en serio a su matón llegue a una posición de poder, y no sólo porque sea su perro guardián, sino porque es, además, el país que ha inventado el capitalismo neoliberal, y que lo ejemplifica de forma más cruda, dándole una especie de mesías a quien seguir a los gobiernos neoliberales del mundo, y encabezando el lavado de cerebro masivo al que nos intentan someter a base del proceso de aculturación o invasión cultural. Pero es que, además, en el caso de la guerra de Iraq, si nos fijamos un poco, veremos que las críticas no van contra la guerra en sí, ni contra la política exterior norteamericana, ni contra las prácticas inhumanas de su ejército (que no cambian con los gobiernos, aunque algunos parezcan pensar lo contrario), sino contra la administración Bush: El caso más clamoroso es el de Michael Moore, que filma un documental anti-Bush y antiguerra, pero no se atreve a atacar realmente al ejército estadounidense, al que representa como un puñado de chavales/as engañadxs que se horrorizan con la situación en Iraq, pero ¿quiénes son los culpables de esa situación? ¿quiénes arrojaron las bombas sobre Bagdad y dispararon sobre civiles, niñxs y soldados por igual? ¿quiénes fueron a casa de los iraquíes para sacarlos en medio de la noche y después enjaularlos como animales? ¿quiénes perpetraron entonces las torturas de Abu Grahib? No dudo que pueda haber algunxs buenxs chicxs que creyeron que iban a ganarse la vida defendiendo la libertad y después se arrepintieron de su elección al contemplar la muerte y la destrucción de la guerra real, pero me parece que la gran mayoría no pueden ser más que asesinxs sin escrúpulos, porque, de no ser así, la guerra no habría durado tanto, la objeción de conciencia habría diezmado las filas yanquis y se habrían retirado las tropas hace tiempo... Por cierto, Michael, ¿no recuerdas los bombardeos que sufría Bagdad cada vez que salía a la luz que se la habían chupado a Clinton?

Por otro lado, las críticas a ESTA GUERRA EN CONCRETO desde Europa, vinieron por motivaciones económicas en el caso de Francia y Alemania, y por motivos electoralistas en el caso de España. Tanto Francia como Alemania vieron peligrar los negocios que mantenían con Iraq, y por eso protestaron, aunque no demasiado, y el caso de España fue el más vergonzoso acto de campaña electoral y manipulación propagandística de la “democracia”: Lxs mismxs que apoyaron las intervenciones en Yugoslavia y Afganistán, lxs mismxs que callaron ante la política estadounidense de bombardeos esporádicos contra Iraq, ahora se convertían en lxs más firmes defensores de la legalidad internacional y lxs más radicales defensores de la paz... como mínimo me parece un acto de cinismo inconmensurable.

¿Adónde pretendo llegar? A que EE.UU. no es el matón de la clase, sino su puño. El matón de la clase es el primer mundo, son los países democráticos, capitalistas, ricos y judeo-cristianos (aunque Japón también está ahí). ¿Por qué van los demás países a intentar hacer algo para parar a los EE.UU.? El culo es para cagar y el puño para pegar, y no tendría sentido pretender que el puño cagase, o pensase, porque no está fabricado para eso. Toda la diplomacia, las discusiones puntillosas sobre apoyos o “desapoyos”, los juegos de poder entre países ricos y el circo de la ONU no son más que una gran pantomima, al igual que los debates parlamentarios y toda la verborrea retórica de los enfrentamientos políticos, porque en realidad todxs están en el mismo barco, y no les importa en absoluto lo que tú y yo podamos pensar sobre nada.

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